Eypa Penta: Un Velorio sin igual


Por lo regular no me gusta ir a los velorios (creo que a nadie le gusta), pero el dia de ayer fui al velorio del hijo de un gran amigo mío que falleció después de una prolongada agonía. Como era de esperarse encontré a mi amigo con el corazón roto y no pudo evitar llorar en mi hombro.

Me considero hombre de muchas palabras pero en ese momento no encontraba palabras que pudieran consolarlo en su inmenso dolor.

Creo que nadie nos prepara para enfrentar la muerte, nunca pensamos en ella, sólo lo hacemos cuando se presenta en nuestras vidas cobrando su factura en conocidos, amigos cercanos o familiares.
Pero la muerte de un hijo es mucho más devastador, porque en nuestro contrato psicológico con la vida nunca contemplamos esa expectativa de que sean los padres quienes sepulten a sus hijos.

Se supone que los hijos deben sobrevivir a sus padres para eso estamos relativamente preparados, pero cuando sucede lo contrario, cuando un padre o madre sepulta a un hijo sentimos que el “orden natural” de las cosas se ha roto. De ahí que el dolor sea mas intenso porque el ver truncar una vida joven y que esta sea la del hijo abre una herida más grande lo que se haría en circunstancias “normales”.

Nunca pensé que lloraría por alguien a quien no conocí, y sin embargo esto me sucedió ayer. No tuve el privilegio de conocer a Alberto Portillo (Tito Portal, Eypa Penta, Kafé con leche), conozco a su padre Abelardo Portillo amigo de mi infancia en mi natal Cananea, Sonora.

Pero ayer en el velorio al ver que utilizaban un cañón para proyectar en una pantalla algunos videos de sus actuaciones musicales, mientras que una interminable fila de jóvenes se alineaban para dar el último adiós a Alberto en su féretro, sentí que me perdí de algo realmente importante al no haberlo conocido en vida.

El lugar estaba lleno de gente principalmente joven, en eso llegó un grupo de cinco o seis personas cargando un Bongóe, un Tololoche (o Chello), una guitarra, se posicionaron junto al féretro y comenzaron a tocar y cantar con un sentimiento mezcla de pena, alegría y gran tristeza.

Según me dijo Abelardo, esas canciones las escribió su hijo Alberto y era el vocalista principal del grupo que estaba tocando que se llamaba Toke y Tono. Era un tributo que este grupo una multitud de jóvenes y una mutitud de jóvenes rendía en su despedida a quien en vida estimaron bastante por lo que se alcanzaba ver y apreciar.

Las canciones se sucedieron una y otra cantadas con un gran sentimiento por el grupo y acompañadas por los asistentes que hacían segunda en los coros. De vez en cuando el llanto interrumpía los cantos y llegó un momento que al estar sentado junto a Abelardo no pude evitar que las lágrimas rodasen por mi rostro al mismo tiempo que junto con los demás palmeaba mis manos siguiendo el ritmo de la música. Después de varias canciones los músicos cesaron de tocar sus instrumentos, las voces callaron y los llantos continuaron.

Nunca había estado en un velorio de este tipo y no creo que se me presente la oportunidad de presenciar algo parecido. México perdió un gran talento musical, Hermosillo, perdió uno de sus más grandes valores musicales, Abelardo ya no tiene a su hijo y eso nos hermana con su dolor y sufrimiento. Creo que Alberto estaría feliz de ver lo que dejó atrás, una gran muestra colectiva de cariño, amor y aprecio por parte de una gran cantidad de personas con quienes forjó vínculos afectivos que le fueron correspondidos. Le estoy profundamente agradecido por haber tenido el tino de grabar y subir a internet varias de sus interpretaciones que nos permiten conocerlo aún cuando ya no está entre nosotros. Buen viaje Alberto.

Cortesía: Oscar Yescas – Soy Cobre

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